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viernes, 15 de julio de 2011

El lenguaje del cuerpo y sus síntomas.



Los síntomas y sus mensajes:
"Cómo aprender a escuchar los mensajes del cuerpo, descifrar su significado, y accionar a favor de una mejor calidad de vida".

El cuerpo se expresa a través de un lenguaje sencillo de aprender, un “lenguaje niño”.
El registro consciente de sus mensajes favorece y promueve el autoconocimiento. Ese conocimiento o saber acerca de uno mismo facilita procesos de cambio y sanación. Si no sabemos, poco podremos hacer pero, si tomamos conciencia, podemos apelar a recursos personales, sociales y culturales para accionar en la búsqueda de nuestra salud y bienestar. Todo síntoma reclama un cambio y expresa una necesidad que no estamos atendiendo. Si llegamos a comprender lo que el cuerpo nos está comunicando a través de sus desequilibrios podemos ser activos protagonistas de nuestra sanación.

Listado de diferentes síntomas y/o enfermedades, su  significado, y el cambio a realizar para estar mejor. 


Desequilibrio del:


Podría estar expresando conflictos con:

Reclamaría:


Sistema Locomotor (en general)

La autoafirmación y confianza en uno mismo.
La fluidez ante los cambios.


Flexibilidad.
Apertura.
Movimiento.
Protección.



Esqueleto axial:
cráneo, columna vertebral, esternón y costillas.


El Sostén.
El equilibrio.
La seguridad interior.
La autoprotección.

Registro consciente de necesidades, atención y cuidado personal.


Esqueleto apendicular: huesos de la faja escapular y los brazos y pelvis y piernas.

La seguridad en las relaciones con el mundo exterior.
El movimiento hacia metas.
El contacto con los otros.

Apertura hacia el mundo exterior.
Planteo de objetivos y movimiento hacia ellos.
Confianza.


Articulación de la rodilla

La aceptación.
El perdón.

Humildad.
Aceptación.



Articulación del fémur con la cadera

El avance.
El movimiento en el mundo exterior.

Movimiento.
Confianza en uno mismo.


Articulación del codo

La entrega y la apertura para recibir tanto en el plano material como de los afectos.

Apertura para dar y recibir en todo sentido.
Entrega.
Confianza.



Articulación del hombro

La responsabilidad.
La cooperación.
La capacidad de delegar.

Solidaridad.
Entrega.
Confianza.
Conexión con el propio deseo.



Base del cráneo

La integración de pensamiento, sentimiento y acción.
El control.


Delegación.
Confianza.
Registro personal.


Sistema Nervioso
(en general)

Las relaciones con uno mismo y con el entorno.
El control de los propios actos.
Su organización en el tiempo y en el espacio. 


Comunicación eficaz.
Orden y organización.

Plexo cervical

El dar y el recibir.
La conexión con el mundo exterior: capacidad de comunicar mediante el lenguaje, ver y escuchar en todo sentido.
Expresión de la agresividad.

Fluidez en las relaciones.
Comunicación eficaz.
Registro y expresión de las emociones.

Plexo solar

Depuración de lo tóxico en general.

Soltar lo tóxico en todo sentido.
Registro y expresión de las emociones.


Plexo sacro

Avance.
Movimiento en el mundo exterior.

Confianza.
Movimiento.
Entrega.

Hiperactividad
Hipersensibilidad

Metabolización de los estímulos.

Registro consciente de los sentimientos, sensaciones y pensamientos.
Orden y organización en las actividades cotidianas.

Baja energía

Defensa ante los estímulos.

Conexión con el sentido de la vida.
Movimiento hacia la satisfacción de deseos y necesidades.

La piel



Las formas de tacto y contacto en las relaciones interpersonales o con el medio ambiente.

Acercamiento corporal.
Confianza.
Entrega.
Apertura a recibir.

La lengua


El gusto por la vida y la capacidad para distinguir sus diferentes “sabores”.

Mayor disfrute.
Selección y variedad.
Discriminación.

Las fosas nasales


El instinto, la memoria ancestral, la selección y el cuidado.

Confianza en la intuición.
Prevención.
Autocuidado.

Los ojos


Las distintas maneras de mirar la realidad.

Ampliación de la mirada.
Incorporar otros puntos de vista.

Los oídos


La mayor o menor capacidad de escucha.

Desarrollo de la capacidad empática.
Apertura, confianza y flexibilización.


Sistema Endocrino
(en general)

Los tiempos de asimilación y transformación en todos los planos.
Las respuestas a los estímulos.
La capacidad de transformar y utilizar los propios recursos.


Apertura.
Confianza.
Comunicación eficaz.
Creatividad.

Tiroides

La activación y vitalidad de todo el organismo.
El contacto afectivo.
El estado de ánimo.
Lo nutriente en todos los planos.


Regulación.
Afecto.
Orden.
Organización.

Suprarrenales

Regulación de los niveles soportables de estrés.
Miedos.


Confianza.
Contención.

Páncreas

Comportamiento afectivo.
Relaciones interpersonales.

Regulación y saneamiento de las relaciones afectivas.

Ovarios. Útero. Testículos. Próstata.

Procesos de gestación y creación en todos los planos.

Confianza.
Valor.
Creatividad.

Sistema Inmunológico
(en general)

La respuesta defensiva.
La capacidad para poner límites a pensamientos, personas o situaciones no deseadas.
Las capacidades de cuidado y prevención.

Apertura.
Confianza.
Prevención.
Límites.
Cuidados.

Alergia

La sensibilidad respecto de los estímulos
Tolerancia al estrés.


Tolerancia.
Aceptación.

Infecciones

Los límites.


Discriminación.
Límites.

Autoinmunes

Autocuidado.
Prevención.
Discriminación.
Agresión.

Reconocimiento y valoración de lo propio.
Aceptación.
Tolerancia.

Cáncer

Emociones negativas.
Permisividad.
Agresividad.
Pasividad


Afecto.
Fortalecimiento de la autoestima.
Emociones positivas.
Afirmación personal.

Corazón

La vitalidad y el entusiasmo.
El equilibrio y conexión con los sentimientos y las emociones.
La capacidad de fluir y soltar.
La regularidad, lo previsible, lo cíclico, la repetición, el orden, el dejar pasar, el aceptar lo que viene.


Soltar.
Dejar fluir.
Conexión con los sentimientos y emociones.
Confianza en uno mismo y en los otros.
Tolerancia.
Consideración.
Aceptación.
Ritmo.
Organización.

Arterias

El sentido de la vida.
La capacidad de fluir y soportar el movimiento vital.

Movimiento.
Fluidez.
Flexibilidad.

Venas


Emociones negativas.
Retención de lo tóxico en todo sentido

Depurar lo tóxico en todo sentido.
Movimiento.

Sistema Respiratorio
(en general)

La capacidad de conectarse con la vida de manera independiente.

Autoafirmación.
Movimiento.
Cambio.

Fosas nasales
Senos nasales


El reconocimiento de la propia intuición.
Tolerancia.
Aceptación.

Autoafirmación.

Bronquios


Retención de la energía.
Tolerancia.
Aceptación.

Soltar.
Paciencia.
Autoafirmación.

Pulmones


Capacidad de abrirse a dar y recibir en todos los planos.
Emociones negativas.

Movimiento.
Apertura.
Aceptación.

Sistema Digestivo
(en general)
El aprovechamiento y asimilación de lo nutricio en todo sentido.

Selección.
Discriminación.
Elección.
Decisión.


Esófago

La selección,  tanto sea respecto a los alimentos a ingerir como a las situaciones de vida o las relaciones.

Observación atenta de lo que proviene del mundo externo.
Discriminación.
Elección.
Aceptación.


Estómago

La capacidad de fluir.
La capacidad de transformar y soltar emociones negativas.

Movimiento.
Cambio.
Reconocimiento y aceptación de las emociones negativas.

Intestino delgado
La capacidad de retener lo que sirve y soltar lo que requiere ser desechado.
Movimiento.
Ritmo.
Fluidez.
Aprendizaje.


Intestino
grueso
Depurar lo tóxico.
Apego.
Los cambios en general.

Cambios.
Soltar el pasado.
Fluidez en las relaciones interpersonales.


Hígado
La capacidad de trasmutar afectos negativos como el resentimiento y el rencor.
Depurar lo tóxico.
Transformar.
Transmutar.


Sistema Urinario
(en general)

La capacidad de soltar o desprenderse de lo tóxico en todos los planos.
El equilibrio emocional.

Discriminación.
Autoafirmación.



Riñones

Filtrado de lo tóxico en todos los planos.

Prevención.
Autocuidado

Vejiga


El control de las emociones en sus dos extremos: desborde o represión.


Reconocimiento de sensaciones y sentimientos.
Canalización saludable de la carga emocional.

Uretra


Expulsión de lo tóxico en todos los planos.

Capacidad para soltar lo que no sirve.
 


Lic. Alicia López Blanco
Autora, entre otros, de los libros “El cuerpo tiene la palabra” (Robin Book) “Por qué nos enfermamos” y “La salud emocional” (Paidós)

LA FUNCION DE LAS EMOCIONES

Las emociones no son ni buenas ni malas en sí mismas sino que todas nos son útiles para regular la relación con nosotros mismos y con los demás por lo que, aunque lleguen a proporcionarnos una experiencia subjetiva desagradable, si aprendemos a controlarlas y canalizarlas de una manera adecuada, en algún sentido seguirán siéndonos beneficiosas.

Poseer salud emocional implica reconocer las propias emociones y las de los otros, poder expresar lo que sentimos con comodidad y de manera asertiva, y ser capaces de aplicar la empatía en las relaciones interpersonales.
A continuación, algunos aspectos negativos y positivos de las emociones más comunes que experimentamos los seres humanos.


El enojo
Se activa ante la invasión del territorio personal o familiar; cuando nos sentimos frustrados, atacados, ofendidos o engañados. También surge cuando algo no responde a nuestras expectativas. Cuanto más elevado es su grado, como en la ira o la furia, tendremos menor capacidad para reflexionar y mayor propensión a comportamiento violentos. Cuando esta emoción se convierte en sentimiento y se prolonga en el tiempo, da lugar al resentimiento y a conductas vengativas que, indefectiblemente, tienden a retornar como un boomerang hacia quien las actúa, y dañan las relaciones interpersonales. Su aspecto valioso: funciona como un alerta que nos impulsa a poner límites.

La tristeza
La tristeza aparece ante una pérdida significativa y nos moviliza hacia una nueva recomposición personal. Cuando se torna crónica se transforma en depresión, un trastorno del estado de ánimo caracterizado por una sensación de melancolía profunda que lo impregna todo.
Las pérdidas se elaboran a través de duelos, estos ayudan a recuperar el afecto depositado en el objeto perdido para dirigirlo hacia nuevos apegos.
La utilidad de la tristeza: nos ayuda a adaptarnos a una ausencia, promueve la resignación, genera un trato considerado por parte de los otros, nos conduce al recogimiento, reflexión y a un mayor contacto con la realidad.

El miedo
Aparece cuando sentimos amenazados nuestros valores, nuestra integridad física o psíquica, o la de nuestros seres queridos. También ante la ausencia de algo que nos proporcionaba seguridad.
Con está emoción se relaciona la ansiedad, un estado de agitación que responde a un sentimiento de amenaza ante algo o alguien imaginario, pero vivido como real.
Las fobias son miedos de mayor intensidad, irracionales y persistentes. Se acompañan con el impulso irrefrenable de evitar la confrontación con aquello que las provoca.
El miedo, al igual que la fobia, es a algo, mientras que el objeto de la ansiedad es incierto y se relaciona con la anticipación a un peligro futuro, indefinido e imprevisible.
La función de esta emoción es ayudarnos a prevenir el peligro, cuidarnos y protegernos.

La alegría
Es una emoción que genera un estado de plenitud y satisfacción. Al experimentarla, tendemos a olvidarnos de los problemas, vemos el lado bueno de las cosas, nos llenamos de pensamientos positivos, y nos sentimos poderosos.           
Solemos experimentarla cuando logramos alguna meta que nos habíamos propuesto, nos anoticiamos de algo que nos resulta agradable, dejamos de padecer algún malestar, estamos en contacto con lo que nos gusta y atrae, amamos y somos amadas.
La risa y el buen humor son expresiones de alegría que aumentan la secreción de endorfinas, elevan al sistema inmune, favorecen la circulación sanguínea e inducen a la distensión. Por otra parte, tomarse la vida con humor, incluso las desgracias, favorece la aparición de soluciones creativas ante los problemas, y acerca a las personas.

El entrar en contacto con nuestro mundo emocional nos ayudará a identificar los cambios que necesitamos realizar para mejorar nuestra calidad de vida, y elevar la medida de nuestro propio bienestar, hecho que, además, repercutirá positivamente en nuestro entorno.

Postura corporal y autoestima

Postura corporal y autoestima


Así como la postura del cuerpo revela rasgos de la personalidad y estados emocionales, sus modificaciones pueden llegar a estimular, a su vez, cambios en el autoconcepto y autoestima.

La postura corporal es la manera en la que disponemos nuestra estructura ósea en el espacio y el tono muscular con el que lo hacemos. La postura es reveladora de características de la personalidad, afectividad y funcionamiento del organismo. Da cuenta de cómo nos plantamos ante la vida, nuestras prioridades, lo qué ocultamos, el aspecto personal con el que estamos en mayor contacto, y el que desatendemos.
            En la estructuración de nuestra postura corporal han influido las diferentes experiencias de las etapas más tempranas de nuestro desarrollo derivadas de la interacción entre lo que traemos genéticamente con el medio ambiente físico y afectivo.
            Sobre este patrón fijo de distribución del cuerpo en el espacio desplegamos diferentes actitudes corporales pero también tendemos a organizar estas actitudes en esquemas repetidos generando así un abanico propio de respuestas corporales fijas para cada ocasión.
            Las creencias y conocimiento que tenemos de nosotros mismos conforman nuestro autoconcepto, y en él está incluida la autoestima. Ésta posee un componente valorativo que refleja la opinión que tenemos respecto de nuestra propia persona.
            La postura corporal influye en la forma de pensar acerca de uno mismo. En esto se basó         Pablo Briñol, de la Universidad Autónoma de Madrid, quien ha realizado investigaciones centradas en la postura de la espalda y su relación con la autoconfianza.
            En un experimento, solicitó a 71 estudiantes de la Universidad de Ohio que pensaran acerca de sus propias cualidades para conseguir un trabajo. Antes, les solicitó que se sentaran en una postura determinada: unos con la espalda erguida y con el pecho hacia fuera -postura de confianza- y otros, cabizbajos, con la espalda encorvada -dudosos.
            Tras generar pensamientos sobre fortalezas o debilidades en ambas posturas, todos los participantes contestaron a una encuesta sobre su futuro profesional: si se consideraban buenos candidatos, si creían que podían superar un proceso de selección con éxito y si pensaban que serían trabajadores capaces de rendir.
            Quienes se centraron en sus puntos fuertes se evaluaron mejor como candidatos que los estudiantes que deliberaron sobre sus puntos débiles. Sin embargo, esta correlación entre pensamientos y evaluación sólo se produjo cuando se había tenido una postura positiva. Los investigadores concluyeron en que, al pensar en los puntos fuertes, una posición corporal segura genera más confianza y, por tanto, un sentimiento positivo con relación a uno mismo.
            Los pensamientos negativos unidos a una mala postura aumentan la confianza en esa creencia y conllevan una evaluación negativa de uno mismo. Por el contrario, tener pensamientos negativos cuando se mantiene una postura adecuada implica, en su mayoría, una evaluación general favorable, ya que la posición reduce la validez percibida de las limitaciones.
            Todos podemos transformar nuestra postura si tomamos conciencia de que no nos favorece y deseamos el cambio. Este puede llevarse a cabo por tres vías, la de la mente, la del cuerpo y la de la conducta. Desde la mente, revisando nuestro sistema de creencias y forma de vincularnos. Desde el cuerpo, mediante un trabajo corporal consciente que nos ayude a conectarnos con nuestras emociones. Desde la conducta, poniendo en acto la voluntad de cambio.
            La postura de una persona puede variar a lo largo de su vida si ésta realiza un proceso de crecimiento personal y se contacta con aquello que necesita cambiar para obtener una mayor plenitud. El primer paso consiste en prestar atención sin intentar realizar modificaciones. Una vez que uno descubre aquello que necesita cambiar para estar mejor no es fácil permanecer pasivo, pero esa instancia es sumamente importante en el proceso de transformación, ya que el movimiento interno y su retención voluntaria le dan energía al motor del cambio para que éste se produzca.


Lo que reflejan algunas posturas corporales:
Cabeza y cuello adelantados:
Da prioridad al plano mental o de las ideas. Tendencia a proyectar y fantasear. Se adelanta a los acontecimientos, estilo visionario. Puede ser índice de poseer un bajo registro de las necesidades básicas y también ciertas dificultades a la hora de volver tangibles sus fantasías o proyectos.
Cabeza hundida dentro del tronco:
No puede sacar afuera sus ideas, proyectos e imágenes. Dificultades en la comunicación con los otros. Tendencia a poner afuera la causa de los problemas. Tronco curvado hacia delante y hombros proyectados hacia delante y hacia abajo:
Es la típica postura del agobio, la sobrecarga, el abatimiento, la desesperanza y la culpa. Dificultades para la acción, la autoexpresión y la autorrealización. Tendencia a hacerse cargo de los deseos y necesidades de los otros. Inclinación a la melancolía y a experimentar sentimientos de culpa.
Tronco proyectado con amplitud, esternón elevado, hombros relajados:
Denota entusiasmo, tendencia a la impulsividad, alegría, empuje. Sociable y con capacidad de acción.
Tronco proyectado hacia delante, esternón elevado, hombros hacia atrás:
Miedo o tendencia a sentirse perseguido. No va de manera entusiasta al encuentro de algo sino que huye de alguna cosa.
Abdomen proyectado hacia fuera:
Sensible y emocional, con capacidad empática. Puede ser vulnerable y dependiente en las relaciones con los otros. Adaptable, tratará de complacer al otro. Proclive al desborde emocional y a la melancolía.
Pelvis en anteroversión:
Dificultades para concretar logros y obtener placer. Actitud defensiva ante la vida. Probables problemáticas sexuales y de contacto con el otro.
Pelvis en retroversión, abdomen retraído:
Prioriza aspectos instintivos y de supervivencia. Esconde sus emociones y tiene dificultad para contactarse con lo que siente. Estilo retentivo en todos los planos. Apego. Dificultad para los cambios.
Rodillas estiradas:
Inseguridad, miedo al derrumbe. Dificultad para aceptar la diversidad, incorporar nuevas ideas o modos de resolver problemas. Escasa capacidad empática.
Rodillas semi-flexionadas:
Dependencia. Poca capacidad para sostener al otro y también para conservar las propias ideas, las cuales tienden a acomodarse a la tendencia general.

Lic Alicia López Blanco - Psicóloga Clínica
Autora de La salud emocional y Por qué nos enfermamos, ambos editados por Paidós.

"LAS FLORES DE BACH SEGUN BACH"



La acción de estos remedios es elevar nuestras vibraciones y abrir canales para la recepción
del Ser Espiritual, para inundar nuestra naturaleza con la virtud particular que necesitamos y
borrar los defectos que causan dolor. Son capaces, al igual que la música hermosa o cualquier
otra cosa de elevación gloriosa que nos da inspiración, para elevar nuestra naturaleza interna y acercarnos a nuestras Almas, de darnos paz y aliviar nuestro sufrimiento. Curan, pero no
atacando la enfermedad, sino inundando nuestros cuerpos con las vibraciones de nuestra
naturaleza superior, en presencia de la cual la enfermedad se disipa como la nieve al sol. No
hay curación real a menos que haya un cambio en la perspectiva con la cual hombre ve elmundo, que da el logro de la paz y de la felicidad interna
"

lunes, 4 de julio de 2011

HISTORIA DEL RESCUE REMEDY


Un accidente, un hecho traumático, un suceso conmocionante o una mala noticia pueden originar un estado de desorganización del cuerpo y de la mente con secuelas que no siempre responden a los medicamentos químicos.
Por eso cada vez más se emplea para estos casos el remedio de emergencia, el Rescue Remedy, que permite reacciones inmediatas de restablecimiento y el camino asegurado hacia la mejoría.
“El doctor Bach usó por primera vez el Rescue Remedy, en 1930, cuando su fórmula estaba compuesta solamente por el Rock Rose, el Clematis y el Impatiens, ya que aún no había descubierto los otros dos remedios.
Durante una fuerte tormenta, un pequeño bote cargado de tejas naufragó en las costas de Cromer, donde Bach vivía en esa época. La tripulación, compuestas de dos hombres, se había amarrado al mástil para evitar ser arrastrados por las olas y caer al mar desde el barco que se estaba hundiendo. Debido al mar embravecido debieron esperar muchas horas sumergidos en el agua hasta que el bote salvavidas pudo rescatarlos.
Cuando lo hicieron, el hombre más joven estaba inconsciente, su cara azul y sus ropas endurecidas por la sal del mar. Bach corrió a través de la rompiente hacia el bote salvavidas, humedeció los labios del náufrago con Rescue Remedy y continuó dándoselo mientras el hombre era llevado desde la playa a un hotel cercano.
Antes de llegar al hotel, el hombre recobró el conocimiento y cuando llegó allí, pidió fumar un cigarrillo”. (1)
Cada vez más personas nos hacen llegar sus historias reales y su asombro del empleo de este Remedio Floral.
Ustedes también pueden acercar la suya!

(1) Chancellor, Philip M.:  “Flores de Bach. Manual Ilustrado”.  Ediciones Lidium; Buenos Aires; 1992. , Pág. 239